Ella se quiere casar. ¿Qué hago?", pregunta Miguel, como cualquier novio en problemas. Pero Miguel está a punto de cumplir 70 años y los últimos 17 los pasó en la Clínica del Parque, con diagnóstico de esquizofrenia residual. "Ella" es Gloria. Tiene 48 años y desde 2007 también vive su esquizofrenia entre las paredes blancas, los ventanales amplios y las miradas perdidas que se cruzan por los pasillos del hospicio. Cuando espera a Miguel, se maquilla y se pone vinchas verdes loro y amarillas en el pelo, según detalla Belén, que trabaja allí hace cuatro años y observa todo el ritual amoroso entre ambos pacientes, desde su escritorio en la entrada.
"Le trae flores de afuera. Se sientan juntos en el comedor; da mucha ternura verlos. Se quieren casar", relata.
La esquizofrenia de Gloria es paranoide y no está compensada, como en el caso del depositario de sus afectos. "Miguel puede salir a dar una vuelta, a comprar algo, pero son pacientes crónicos; ninguno de los dos tiene posibilidades de vivir afuera", subraya el director del psiquiátrico, Osvaldo Brennan.
La explicación de la enfermedad que padece Miguel se asemeja a un terremoto. "Es lo que queda después, en cuanto a los valores de la personalidad", resume Brennan. La historia de Miguel es como la de muchos esquizofrénicos, cuya patología va borrando la huella de lo que alguna vez fueron. En su caso, un empleado bancario que a partir de los 25 años, por brotes sucesivos, comenzó a desmoronarse.
Miguel pisó la clínica en 1993 y ya no pudo salir. No tiene familiares y su obra social le paga el tratamiento en la Clínica del Parque. "Siempre se lo ve deambulando con un suéter escote en V y sus camisitas", describe Belén. "Es fanático del Padrino. Lo ve y lo imita, impostando la voz", añade Pablo Lanfranchi, operador socioterapéutico del lugar.
Desde su consultorio, instalado sobre la calle Pueyrredón, el médico psiquiatra Luis Nenkies se acomoda los lentes y reflexiona acerca de la posibilidad del amor entre personas con trastornos mentales. "Alguien que puede relacionarse con otro a través de un vínculo de pasión, amor y deseo tiene la chance de remontar un poco la patología psiquiátrica que está viviendo, porque ese otro es un espejo, una ilusión. Esa persona pasa a tener un proyecto y mejora su imagen. Si tiene una buena sexualidad, también está pendiente de eso. En ese momento, comienza a curarse la patología. Sería la curación a través del amor. Parafraseando a García Márquez, sería el amor en tiempos de locura."
Según aporta la psiquiatra Vilma Torregiani, que trabajó en la sala de internación de día del Hospital Aráoz Alfaro y luego en el Hospital Italiano, las personas con problemas de salud mental, al igual que el resto, necesitan saber que pueden contar con alguien. "A quién le puede hacer mal amar o ser amado", pregunta y aclara a la vez.
Claro que, dependiendo del momento por el que estén pasando, pueden enamorarse o no. "Si están escuchando voces que les dan órdenes, es un poco difícil. El tipo de amor va a corresponder con el momento de la patología que estén atravesando", analiza Torregiani, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires.
Para sumergirnos en la lógica de un esquizofrénico, el psiquiatra Hugo Marietan, con una trayectoria que incluye más de veinte años de labor y enseñanza en el Hospital Borda, ofrece una descripción: "Es una patología orgánica, que se produce en el uno por ciento de la población, y consiste en la incapacidad práctica para desenvolverse en la vida. Es una enfermedad incurable y crónica, con síntomas de delirio y un despegue de la realidad muy importante, que va avanzando por brotes. Cada brote degrada más a la persona".
Para ejemplificar, rescata el caso de un joven, estudiante de ingeniería civil, que llegó a ser uno de los mejores promedios de la facultad. "Era brillante. Después del primer brote, empezó a trabajar en un estudio de arquitectura haciendo dibujos. El segundo brote le permitió trabajar en una ferretería. Para cuando se dio el tercero, ya ni siquiera lo tomaron para barrer el negocio", se lamenta.
Desde su escritorio cubierto de libros, Marietan, que también se desempeñó durante varios años en el Hospital Moyano, recuerda el comentario que se repetía en boca de los maridos que ingresaban a sus mujeres en aquel neuropsiquiátrico: "Siempre fue rara".
"Todos dicen lo mismo. Son los casos de las chicas que se casan jovencitas, después del primer brote, y los muchachos no saben. El segundo brote es a los 23 años como máximo y el marido la interna. La persona casada con un esquizofrénico sufre mucho", apunta, y recuerda el caso de una psicóloga, casada con un esquizofrénico que era su novio de la secundaria.
"Se casó igual, a pesar de conocer el tema. Vivieron juntos un tiempo hasta que le agarró el segundo brote y empezó a hacer cosas muy grotescas. Se hizo imposible la convivencia; lo tuvo que dejar", explica Marietan, que es docente en la Universidad de Buenos Aires y uno de los principales especialistas argentinos en psicopatía.
Estos finales tristes, según aportan los especialistas consultados, se dan en la mayoría de los casos. La patología corroe y destruye las relaciones; el amor no logra superar la barrera que levanta la enfermedad. Pero hay excepciones; son pocas pero existen, y algunas sobreviven en el tiempo. Es el caso de Miguel y Gloria, pero también el de Micky y María Susana. Ellos se enamoraron en el lugar menos pensado: en una clínica psiquiátrica de San Fernando donde ambos tachaban los días como pacientes. El, con secuelas de guerra y depresión aguda; ella, con sucesivos brotes que de manera abrupta la devolvían a la pose de una niña de cinco años.
Cuando María Susana se enamoró de Micky, él tenía un ojo de vidrio, una cicatriz donde alguna vez hubo un dedo en su mano izquierda, un oído que dejó de funcionar en la Guerra de Malvinas y fantasmas, muchos fantasmas que lo visitaban de noche. "Ella me eligió", destaca Miguel Angel Boezzio, de 52 años, o Micky, según su nombre artístico, porque él se presenta como actor, como un artista.
Antes de conocerla, Micky había bajado dos veces al infierno. La primera, cuando fue a la guerra y esquivó la muerte agazapado en la trinchera, con el cuerpo apostado en primera línea para apuntar a los soldados ingleses, que trajeron el aluvión de fantasmas en uniforme que aún hoy lo visitan cuando anochece. De aquellos tiempos conserva en su riñonera, que lleva siempre pegada a un costado, la medalla que le entregaron luego del combate, que lustra y extiende para quien quiera ver.
La segunda fue consecuencia de la primera. Micky volvió de la guerra derrotado en cuerpo y alma, y fue a parar al Hospital Municipal José T. Borda. Quince años pasó entre aquellos muros fríos, descascarados, luchando contra soldados ficticios, apuntando con palos de escoba a los enfermeros y cubriéndose con la estructura de su cama de balas imaginarias y sordas granadas.
"Perdoname si yo me pongo de este lado -explica, cortés, torciendo la cabeza hacia un costado-. De este oído no escucho." Sentado en el bar de la Asociación Argentina de Actores, donde trabaja haciendo trámites de lunes a viernes, Micky recibe palmadas en la espalda y un "cómo andás, querido" de un actor que se acerca por una bebida fresca. "Acá soy colaborador; hago trámites; pero también soy un actor más, ¿eh? Con carnet y todo", aclara.
"Ella me salvó la vida -señala sobre su esposa, María Susana, de 30 años, con quien tiene dos hijos-. Estaba envuelto en una relación amorosa con otra mujer, también internada, que era muy violenta, y María Susana le hizo frente y me ayudó psicológicamente. Me dio su contención."
Un mes más tarde, la pareja recibe a LNR en la humilde casa que Micky levantó con tablones de madera y sus propias manos en el barrio de Ensenada, donde viven con sus hijos. Mide apenas cinco por cinco metros y el piso aún está inconcluso, según confirman los tablones desencajados del suelo y la mirada disconforme del dueño, que se excusa diciendo que es cuestión de días. María Susana yace recostada en un colchón que ocupa la mayor parte de la casa, y alimenta a su hijo, de once meses. "Es muy buena persona", opina sobre su marido, mientras ata su pelo oscuro y deja más al descubierto su mirada de niña, una expresión de inocencia pueril que sugiere lo que no veremos: en la hora y media que duró la entrevista no tuvo ningún brote y se mantuvo calma y sonriente.
"A veces actúa como mujer y otras como niña. Es una especie de demencia. Me di cuenta cuando la conocí porque se ponía a jugar con las muñecas, como una criatura. A mí no me importa. Si la quiero, tengo que seguir", se convence Micky, y luego admite que la crianza de los chicos es una responsabilidad muy grande y dura.
La conversación fluye hasta que se le pregunta por los quince años perdidos en el Borda. Cuando se le pide que describa el mundo interior del psiquiátrico, hace una pausa, aclara su garganta y cuando levanta los ojos su mirada es distinta, solemne. "Nunca abandones a un ser querido en el Borda", es lo único que dirá.
Desde la Clínica privada del Parque, que recibe un alto porcentaje de pacientes que ingresan contra su voluntad por indicación médica, su director explica: "Desde el punto de vista técnico de la psicoterapia, el generar relaciones afectivas concretas implica un saboteo en el proceso terapéutico. El amor hay que ponerlo en el proceso de trabajo, porque la situación amorosa se presta para volar. La relación afectiva es un motor impresionante, pero hay que direccionarla".
En esta clínica, ubicada en Parque Leloir, conviven 90 pacientes, la mayoría hombres y mujeres de 20 a 40 años. Brennan, el director que fue testigo del casamiento entre dos pacientes (él con alcoholismo y ella psicótica, luego compensada y dada de alta), destaca: "Es importante direccionar el amor, porque hay una patología de base que a veces se traduce en una canalización patológica en la relación afectiva".
A partir de su experiencia de más de nueve años como operador socioterapéutico en Del Parque, Pablo Lanfranchi observa: "Muchos pacientes empiezan a actuar y simulan una recaída en su patología para atrasar su alta, para no irse de acá porque está su pareja. Eso es muy contraproducente".
Sin embargo, rescata el efecto positivo del amor en ciertos pacientes: "Pasan de estar tirados en el piso a arreglarse y estar más activos; les cambia el ánimo cuando aparece el sentimiento. Se nota como en cualquier otra persona, y se ve una evolución. Quizá después no lleguen a concretar nada, pero los ayuda mucho".
En cuanto a las patologías más severas, los más propensos a enamorarse son los "border", aquellas personas con un trastorno de la personalidad que presentan un yo muy frágil, una identidad muy difusa que busca completarse con algún otro con el que generalmente se identifica. "Ellos sufren una sensación de mucho vacío, que tienen que llenar con elementos o personas", elabora el psiquiatra Nenkies. "Pero son relaciones sexuales promiscuas; no pueden concretar relaciones amorosas muy profundas: son esclavos de su estructura", aclara, y presenta el caso de una paciente con este tipo de patología. "Se enganchaba con cualquier hombre en la calle. Yo la cuidaba porque después venían la desilusión y el maltrato", añade.
En el caso de los depresivos, Marietan, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría, advierte que es más difícil: "No encuentran resto para mirar hacia afuera. Para enamorarte de alguien, tenés que mirarlo, hacerlo entrar a tu vida. Ellos recuerdan el pasado; no piensan en el futuro".
Luego, explica con un caso cómo afecta una relación cuando uno de los dos sufre una depresión. "El paciente era un ingeniero químico de 40 años, muy inteligente y hábil para los negocios. En su familia, era el que llevaba las riendas de la casa, con un carácter muy fuerte. Hasta que se deprimió gravemente: lloraba constantemente, no toleraba el ruido, las luces, las puertas cerradas, y sentía una tremenda angustia, un sufrimiento atroz, inimaginable para la persona común. Entonces, comenzó a venir al consultorio agarrado de su esposa, que lo llevaba de la mano como si fuera un niño. Pasó de ser una figura bravía a que lo tuvieran que llevar de la mano. Cuando volvió a ser el tipo duro y quiso recuperar los pantalones de la casa, se dio cuenta de que ya no era lo mismo. Miraba a su mujer y ella le hacía bajar la mirada", relata.
En estos casos, la pareja es el apoyo fundamental, pero el amor tiene que ser muy fuerte, porque hay un grave deterioro personal. "Queda una secuela en la pareja; ya no es la misma", sentencia Marietan. Por eso, no hay reglas generales que se apliquen a todos los cuadros psiquiátricos. El amor prospera y ayuda de acuerdo con la profundidad del vínculo amoroso y con el momento de la patología que se encuentra atravesando el paciente. Lo importante, opinan los psiquiatras consultados, es el apoyo externo de la pareja cuando uno de los dos comienza a tratarse.
* * *
-¿Vos me querés pero me decís que me tengo que internar?
-Porque te quiero, quiero que te internes -le pidió Valeria a Gustavo.
Ella tocó a la puerta de su casa y se asustó con lo que vio adentro. Fue un día de semana, a las cinco de la tarde; las persianas estaban bajas y Gustavo no sólo llevaba una barba de varios días, sino que temblaba. "No podía ni sostener el cuchillo para ponerle mermelada a la tostada", detalla Valeria, de 37 años. "Ella fue mi salvadora; me la mandó Dios. Si la dejaba ir, me moría", advierte Gustavo, de 35 años, que comenzó a consumir cocaína cuando tenía sólo 14.
Las primeras épocas de adicción fueron de fiestas interminables: "Todas la noches a un boliche distinto hasta las seis de la mañana". Cuando pisó los treinta años, las luces se encendieron y vio que no quedaba nadie. Ni nada. "Era un tango. Sentía que no tenía nada. La droga me generaba una profunda depresión. Me sentía perdido, frustrado, fracasado. Cuando me iba a acostar, se me venía todo encima; bajaba", relata Gustavo, que al poco tiempo ingresó al Programa Delta para rehabilitarse.
Mientras tanto, Valeria lo llamaba dos veces por semana y lo visitaba cada quince días. Dos horas en colectivo, luego en subte y remise para llegar y verlo un ratito. "Sabés cómo la esperaba", acota Gustavo, que tras nueve meses y un año más de tratamiento ambulatorio pudo superar su adicción.
Hoy, a la hora del té, hay mate y Chocolinas en la mesa que preside Gustavo, en su luminoso departamento ubicado en el barrio de Boedo. "Hoy tengo lo que quiero; tengo vida", dice, mientras de fondo se oye el eco de los dibujitos que mira en televisión su hijo, Matías, de dos años.
En la comunidad terapéutica donde estuvo internado Gustavo distinguen su caso por la perseverancia de Valeria. "Fue fantástica; le puso límites", evalúa Alberto Rey, director del Programa Delta, donde ingresan personas con problemas de adicción y salud mental.
Según indican los especialistas, la capacidad de enamorarse está ligada al aspecto sano del paciente. Aun aquel inmerso en la patología más profunda conserva una parte sana, libre de conflictos. Si el paciente se liga a través de ello, puede tener una relación más profunda; si no, seguirá el pronóstico de su patología.
Mientras camina, desgarbado, alto y pálido, por los jardines del Hospital Municipal José T. Borda, donde está internado desde hace varios años, Alexis recita: "Los árboles no dejan de ser árboles por estar detrás de un muro". Alexis es joven, tiene el pelo negro, largo y ensortijado, y escribe poemas que se leen los sábados por la tarde en la radio La Colifata, que transmite desde el psiquiátrico. Un cigarrillo cuelga de sus labios cuando dice, con el ceño fruncido: "Tanto en la locura como en el amor, la belleza se encuentra en el entendimiento".
Por Victoria Pérez Zabala
revista@lanacion.com.ar
"SE HA FORMADO UNA PAREJA"... DIRIA FREUD
Las alteraciones psicológicas que germinan, se reproducen y combinan por fuera de los muros de los psiquiátricos son muchas. Los especialistas consultados ofrecen una lista de las parejas más frecuentes y aquellas destinadas al fracaso entre el resto de los neuróticos mortales. La ganadora, en primer lugar, es la del obsesivo con la histérica. "El obsesivo es rígido, ritualista; tiende a ser muy ordenado, detallista y meticuloso. Es el que coloca en el mismo ángulo el paquete de cigarrillos sobre el escritorio. Es celoso y, generalmente, muy bueno para los trabajos de precisión: contadores, diseñadores gráficos, pintores. La histérica es exactamente al revés: desordenada, agarra y tira. Es coqueta, cuidada, "aquí estoy, mírenme". Es seductora, graciosa, abierta y sociable. Necesita ser sociable para ser mirada y tenida en cuenta", describe el médico psiquiatra Hugo Marietan, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría.
"A pesar de sus diferencias, es una de las parejas más frecuentes. Se complementan. El mundo del obsesivo es muy seco y sin gracia, y la histérica le pone color a su vida. Lo vi en muchas parejas. Viene el obsesivo y se queja de la pareja por su desorden, y la histérica también. Pero funcionan bien", analiza Marietan, que dirigió por más de veinte años los cursos de Semiología Psiquiátrica en el Borda.
Es como si uno buscara en el otro lo que le hace falta. En cambio, contrasta el experto, dos histéricos no pueden estar juntos. "No es tan común. Los dos están compitiendo sobre quién llama más la atención. Hay crisis y peleas. Conozco uno que está obsesionado con la altura y cuando sale con una mujer le pide que no use tacos altos. Una vez me dijo: «Lo que me da bronca es que la miran más a ella que a mí». Es que ellos buscan chicas llamativas, pero después no se lo bancan", señala.
Las parejas que tienen las mismas características están destinadas al fracaso, pronostica el experto. "Si los dos son dominantes, autoritarios, pueden andar muy bien en la cama, pero después se matan. Se viven peleando por el territorio. No duran mucho", augura.
Otra de las parejas que suelen formarse es la de la mujer dominante con el pasivo agresivo. "La mujer, cuando es dominante -que es el grueso de la población femenina, aunque ninguna mujer dominante reconoce que lo es-, puede convivir con los pasivos agresivos, que son aquellos a los que les gusta que los lleven. Suele suceder que ella le pide que tome una iniciativa y él le responde «sí, querida», pero después cumple las órdenes que él quiere cumplir", revela, entretenido.
"A las mujeres así, que resuelven los problemas por sí mismas, se les pegan los pasivos agresivos. Ellos son dóciles, diplomáticos, conciliadores, buenos negociadores; no quieren tener amigos porque tener un amigo es un problema. Tienen un carácter muy agradable. Así es como a la paranoide, la dominante, que es un poco hosca, le viene bien un tipo sociable", resuelve.
El amor también puede nacer entre la histérica y el paranoide. "El, muy responsable en el trabajo, un poco líder, es como un papá para la histérica, que tiene una nenita adentro. Se forma mucho esa pareja. Ella lo busca para sentirse segura y él a ella porque es graciosa, muy llamativa. Eso atrae", observa.
domingo, 19 de diciembre de 2010
viernes, 10 de septiembre de 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
martes, 3 de agosto de 2010
lunes, 12 de julio de 2010

Sin pensar paseabas a través del tiempo
sin darte cuenta,
sin compañía alguna,
abandonada en la ciudad de las casas vacías.
Con los brazos al viento caminabas con prisa hacia tu meta,
con la fuerza de la esperanza más intensa,
con todos tus deseos, con tus pensamientos,
sonámbulos culpables de largas noches de insomnio
en las que se perdieron lecturas
de cuentos alguna vez redactados.
Páginas de celestial belleza escondida
en el devenir del tiempo.
Ese que hoy pasa lista a tus ilusiones entre imágenes hechas de frases
que luchan sin cuartel contra los molinos de los días de rutina.
Son las cosas mudas, el espíritu de tantas lecturas
las que te apuntan lo que escribes,
historias de vida inexistentes,
leyendas inexorablemente imaginadas
No meditarán las horas el porqué de esta ciudad vacía,
y las palabras pasarán ante otros ojos para ser leídas.
domingo, 4 de julio de 2010
Complainte de la butte.

La lune trop blême
Pose un diadème
Sur tes cheveux roux
La lune trop rousse
De gloire éclabousse
Ton jupon plein d'trous
La lune trop pâle
Caresse l'opale
De tes yeux blasés
Princesse de la rue
Soit la bienvenue
Dans mon coeur brisé
Ma petite mandigotte
Je sens ta menotte
Qui cherche ma main
Je sens ta poitrine
Et ta taille fine
J'oublie mon chagrin
Je sens sur tes lèvres
Une odeur de fièvre
De gosse mal nourrie
Et sous ta caresse
Je sens une ivresse
Qui m'anéantit
Mais voilà qu'elle trotte
La lune qu'il flotte
La princesse aussi
La la la la la
La la la la la
Mes rêves épanouis
Les escaliers de la butte
Sont durs aux miséreux
Les ailes des moulins
Protègent les amoureux
sábado, 3 de julio de 2010
ELLE...

Ella no sabe que yo existo,
pero es tan parte de mí como mis sueños.
Figura de cristal que inquieta mis sentidos,
incansanble bailarina de mi absurdo.
Imagen virtual de mis horas de vacío,
recuerdo inalterable de una edad dorada.
Ella no sabe quien soy,
Figura de cristal, canción de amor,
disfraz de un ideal,
incansable bailarina de mi absurdo,
Canción feliz, amor,
recuerdo inalterable de una edad dorada.
A veces pienso en las palabras esenciales,
en esa ciudad, en ese puente,en ese cielo,
en ese rostro, en las voces que no están,
en mis horas de vacío.
Ella no sabe quien soy,
mejor así.
A veces pienso en las palabras esenciales,
en esa imagen, en la canción feliz, en el amor.
Esta canción, es para tí,incansable bailarina de mi absurdo
Figura virtual, recuerdo feliz de una edad dorada
MI PRIMERA CANCIÓN DE AMOR...

Busco aquel rincón del recuerdo que se mece entre mis sueños,
dibujando promesas infinitas, cual tiempo indefinido.
Efímera existencia del día y la noche ...
en su eterno renacer...
Busco embriagarme de recuerdos,
escuchando una canción evocada del pasado,
la primera de todas,la que me hizo llorar una vez...
la que me vistió de vida y desnudó mi mente....
la que hizo estremecer mi cuerpo con su música,
y me llenó de esperanzas...
Cuando el mar del desamor bañó mis horas,
y mi rostro se empañó de lamentos,
te quise y te perdí... perdiéndome a mí mismo, quizás.
Aún suelo romper en mil pedazos la espera,
buscando un pretexto para arrojarme al abismo del olvido,
pero las aves del recuerdo vuelven a mi,
volando ante mis ojos, para luego dejar posar una flor en mi pecho...
Es la flor del te quiero, que no quiere morir,
ni volverse efímera como la vida misma,
la que me acompaña tras el atardecer de mis horas...
que suelen volverse nada en tus labios,
tan ausentes como la nieve en mi vida,
tan doliente como llamas quemando mis entrañas,
arrancándome un grito que me escucha sin críticas,
y que suele abrazarme por ti...
Cuando el rocío de la evasión emerge,
llorando por un amor cuya alma cobijaba la mía,
un corazón de piel cálida, desnuda e inocente...
aparece en mi piel como un llanto de niño entre mis manos,
que no supieron contener tu existencia y convertirla en eternidad...
y se perdieron con las tuyas, dejando entrever la duda de si renacerían algún día...
miércoles, 30 de junio de 2010
AMO...

Amo lo mágico porque representa la espiritualidad que muchos han extraviado; creo en la belleza de los gnomos, en la luz, en el azul celeste de la vida y en el amor como el mayor tesoro que se pueda poseer.
Creo que todos tenemos un mago, y que el Lobo Estepario, también nos acompaña, de vez en cuando...
Al igual que a muchos me consume la pasión de ver como se desliza una gota de lluvia; contemplar un atardecer; conocer ciudades lejanas; pisar las hojas secas en otoño; sentir el viento acariciar mi rostro cuando camino por el mar, o cuando una flor me brinda su perfume.
Me gusta adivinar qué dicen los ojos cuando me miran y el por qué la vida, que es tan efímera...
domingo, 27 de junio de 2010
EL ABRAZO.

Se abrazan. No lo saben. No saben que ocurre eso. Pero a veces se abrazan así sin saber que ocurre. Juntos se entregan al amor, no saben que la tarde expira. Tampoco se separan en el anochecer. Son dos manojos de sentimientos que se ensimisman en la simetría del otro, en el cuerpo de la otredad.
Y no conversan de amor. Nunca lo hacen. Ni cuando estaban solos ni ahora juntos. No saben que lo que sienten se trata de eso: el amor. Esa palabra no la quieren pronunciar, la callan no saben qué es, qué puede ser.
Se nota que se abrazan sin saber. Algo los mantiene unidos. atracción, un poco de ansiedad, recuerdos. Pero no tienen recuerdos, recién se conocen, sólo han pasado minutos. Algo los sujeta muy fuerte a la vida, una oleada de emoción o un poco de distancia para olvidarse de las pesadillas.
Es fuerte este sentir, es muy fuerte. Los domina, los puede, los sobrepasa. Hablan de compasión, de suavidades de la piel, de los ojos. Observan la distancia levemente. Esa distancia no la dicen.
No se atreven a más, no quieren más. No saben que se quieren, no saben de que manera se puede amar. El espacio resulta muy pequeño para dos. El sol sale desesperado.
Se despiden para siempre. No se dan cuenta. La luz del día invade la arena.
De pronto él siente la soledad, un fuerte escalofrío. El viento sopla muy leve sin fuerza.
Tendido se siente como un náufrago del amor, busca sosiego, no lo encuentra.
Esa misma noche percibe la tristeza de su dolor. Lo abrazaron. Hace poco tiempo un cuerpo abrazó el suyo con una intensidad que pudo herirlo para siempre. Se siente morir, vive momentos de dolor, de pánico, de ahogo. Un amanecer se llevaron todo. Sólo le queda un recuerdo débil que lo enciende por dentro: el abrazo.
Así comienza su calvario, una historia distinta, la del miedo a que el abrazo no vuelva a producirse nunca más. La certeza, en realidad es que el abrazo no sucederá. Ahora tiene algo terrible, algo para no tener: una certeza dolorosa. Está solo.
lunes, 21 de junio de 2010
LAS FOTOS.

Miles de fotos que me tornan cautivo,
de un sublime ejército de pinceles invisibles.
Majestuosas figuras atávicas,
como el backstage de un vernissage improvisado.
En ese mundo, unas figuras inefables,
intentan atrapar el momento en que la vida,
se plasma en lugares alejados,
para convertirse en una línea de puntos
donde nadie ha llegado jamás,
a excepción de ellas y su alma...
domingo, 20 de junio de 2010
SYLVIE VARTAN

Miro con los ojos
hacia la nada,
buscando tu presencia
en mi recuerdo.
Unos labios rojos,
la luz de tus canciones,
y una ansiedad que corre
como palomas asustadas.
...Y otra vez el viento,
vieja alma en su camino vacilante ...
El extremo cansancio difumina mis sentidos
luego de una jornada agotadora.
Pero, no importa, anuncio la canción que ha de venir
más desconozco en esencia su verdad.
La juventud, mis sueños,
las hermosas utopías.
Unos labios rojos,
la luz de tus canciones.
... Y otra vez el viento,
vieja alma en su camino vacilante...
Pero, no importa, todavía creo en el amor,
en los sueños,
en las hermosas utopías, en la luz de tus canciones,
y en la ansiedad que corre como palomas asustadas...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



